Mi experiencia con el colecho

He de decir que antes de ser madre no conocía siquiera la palabra colecho. De hecho pasó un tiempo hasta que supe que esta palabra definía lo que yo hacía con mi hijo.
 

Instalamos la cuna en nuestro dormitorio para que cuando Adri llegara pudiera estar cerca de nosotros. Y de paso para asegurarme que todos mis miedos se aplacaran un poco. ¿Me despertaré si el niño llora? ¿Y si le pasa algo y no lo noto? Yo creo que a todas nos ha pasado. Pues bien, los primeros días fueron una tortura, no sólo me despertaba (faltaría más) sino que entre darle la toma, cambiar el pañal e intentar dejar otra vez al bebé dormidito en la cuna como el que maneja una bomba pues fíjate, que se activaba la bomba o le tocaba ya la siguiente toma. 

Yo no soy una supermadre ni pretendo serlo. Necesito dormir algo. Y esos primeros días, entre la cantidad de puntos que llevaba, el no dormir, los lloros.... fueron una tortura. Pero un día me pudo el sueño y me quedé dormida con él encima. Y cuando abrí el ojo pasadas unas horas mi niño ni se había movido. Me dió una pereza terrible levantarme para dejarlo en la cuna, así que le dejé escurrir hasta que lo tumbé en la cama. ¡Oh qué gustazo! Lo bien que dormimos esa noche. Sin lloros, sin levantarnos. Si le sentía quejarse le acercaba el pecho y listo. Y como a lo cómodo se acostumbra una... pues decidí que a partir de entonces el niño dormiría en la cama con nosotros.

Y en este punto, como no podía faltar, llegó la lluvia de críticas: que si no te da miedo aplastar al niño, que si yo conozco un caso de un niño que murió así, que no le haces ningún bien al niño.... y así hasta el aburrimiento. Reconozco que me surgieron dudas. Pero una vez interiorizado el tema, decidí seguir mi máxima del instinto animal. ¿Qué mamífero se separa de sus crías? Yo no conozco a ninguno. ¿Que no le hago ningún bien? ¿Dónde está el mal? Duerme junto a mami, la siente cerca y las respiraciones se acompasan. Duerme más tranquilo, se despierta menos y su calidad del sueño mejora (y la de los papis también). A partir de aquí decidí leer algo sobre el tema y me enteré que existen datos científicos donde se reflejan que los bebés que duermen con sus padres tienen menos riesgo de sufrir muerte súbita, son niños más seguros y la producción de leche de la madre se afianza entre otros beneficios.

Quince meses colechamos con nuestro primogénito. ¿Por qué? Porque con quince meses yo ya tenía mi segundo embarazo muy avanzado y fué un embarazo complicado, así que aprovechamos la mudanza a nuestra nueva vivienda para ponerle una habitación para él y en la que se sintiera cómodo. Cama juvenil para él solito y ni una sóla vez se despertó. Y así continuamos aunque, por supuesto, se duerme con mimitos de papi o mami y hasta que no se duerme no le dejamos solito. Y si algún día requiere dormir con nosotros no hay ningún problema.

Y con mi hija más de lo mismo, aunque ella ni ha llegado a tocar la cuna. Lo que es bueno para uno será bueno para la otra, digo yo. Para mí es el cielo porque quitando su primera semana de vida en la que me hacía una toma sobre las 3 de la mañana y la siguiente ya a las 8, el resto del tiempo, y tiene casi cinco meses ya, duerme doce horas de tirón. 

En fin, que mis hijos han dormido mejor y por extensión nosotros también. Pero lo mejor es el poder olerles, tocarles, sentirles tan cerquita aun cuando estás dormida. Una sensación de placer infinito que se reafirma cuando por la mañana abres los ojos y ves que te dedica su mejor sonrisa con la que te dice: "¡Buenos días mami!"

Cristina Prieto

Madre loca e inquieta a la que le encanta escribir y compartir las experiencias y vivencias que me ha traído este desbordante mundo de la maternidad. Mi máxima: EL HUMOR. Porque con humor se vive y se aprende mejor.

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